“Las estrellas son diferentes para cada uno. Para los que viajan, las estrellas son guías. Para otros no son más que lucecitas… Cuando mires el cielo de noche, como yo viviré en una de ellas, como reiré en una de ellas, será para ti como si riesen todas las estrellas… Y cuando te hayas consolado (uno acaba por consolarse), te alegrarás de haberme conocido. Siempre serás mi amigo. Querrás reír conmigo. Y a veces abrirás las ventanas así como así, por placer… Y tus amigos se sorprenderán de verte reír al mirar al cielo. Así que les dirás: <<¡Sí, las estrellas me hacen reír!>> Y creerán que estás loco… Será como si te hubiera dado en lugar de estrellas, montones de cascabelitos que saben reír”. 

 




 

 

 

 

Definitivamente lo más difícil para mí fue la despedida de tan grata experiencia, pero sin duda marcó el inicio de mi ruta hacia mi destino, un destino que aún no creo alcanzar, un destino que me aun no visualizo. Pero en la cúspide de la despedida a esta hermosa experiencia, logré identificar: La sensación de haber alcanzado el
rumbo que deseo.

 

 

 

 
 

El valor de cada elemento de nuestro entorno lo fijamos nosotros, somos como maquinas acostumbradas a contabilizar y a dar un estatus y posición que seguimos por números, sin darnos cuenta decidimos hacer más valiosos a unos más que a otros, ya sea por su belleza física o por su capacidad financiera. Juzgamos el éxito por lo que externamente podemos ver y contabilizar. Decidimos creer que son más importantes aquellos que tienen
carros, casas, dineros o joyas, pero que son capaces de mentir, engañar y jugar con las necesidades humanas, y seguimos estos ejemplos y queremos alcanzar lo que ellos alcanzan. Cuan diferente fuera valorar a cada ser humano por el hecho de ser humano, por la grandeza de su corazón y la presencia de virtudes. 

 
 

 

Cualidades que no se ven a simple vista, y que son muy difíciles de contabilizar, pero que aportan tanto a cada uno de los que logra alcanzar.

 

 
 
 

La India me dio un vistazo de lo que es sentirse pleno, me ayudo a aprender a valorar lo que recibo y más aun lo que actualmente poseo. Me ayudo a reflexionar sobre el mínimo valor de antiguas penas que insistía en guardar y en contraste la inmensa riqueza de nuevas alegrías que no aceptaba como parte de mi vida. 

 

 

 

 
 

En resumen, ahora comencé mi viaje, y en mi bolsa solo llevo lo realmente valioso, porque algún día me tocará regresar a mi estrella, en ese momento seré invisible, y sólo quedarán las experiencias y los relatos como difusos en el viento para aquellos a quienes quieran oír, en ese momento seré pleno, en ese momento al igual que cada toma que te presento en esta, mi primera exposición, será como “Lo que ves es sólo una corteza. Lo más importante es invisible”